Estrés y emociones: El impacto del Yin Yoga en tu balance hormonal

Y cómo lo puedes integrar en tu día a día en 10 minutos

by Annya

En la sociedad actual, donde estar «ocupados» se ha convertido en nuestro estado habitual, el Yin Yoga es una invitación a bajar el ritmo para que nos lleve a lo profundo.

A diferencia de los estilos de yoga dinámicos que trabajan los músculos como el Ashtanga Vinyasa, el Yin Yoga se centra en los tejidos más profundos del cuerpo: el tejido conectivo, la fascia, las articulaciones y los huesos.

Desarrollado por Paul Grilley en la década de 1970, el Yin Yoga se inspira en la Medicina Tradicional China y en el concepto taoísta del yin y el yang. Mientras que las prácticas «yang», como ashtanga vinyasa yoga o vinyasa se centran en poner el énfasis en el movimiento y la activación muscular, el Yin abraza la quietud y la entrega. Esta deliciosa práctica combina las asanas del yoga de la India con la teoría de los meridianos de China, creando un enfoque único para el bienestar tanto físico como energético.

Aquí tienes algunos de los beneficios clave que he obtenido gracias a la práctica del yin yoga:

1. El yin reduce la tensión física en el cuerpo

Podemos considerar el yin yoga como el equivalente a un masaje de tejido profundo dentro del mundo del yoga. Las posturas que se realizan en una clase de yin ayudan a liberar la tensión física y a desbloquear la energía estancada en el cuerpo. Si bien todas las formas de yoga promueven la flexibilidad y ayudan a reducir la tensión, el yin lleva esto a otro nivel al permitir dedicar más tiempo a cada postura, lo que favorece un estiramiento más profundo. Esto es totalmente diferente de la experiencia habitual en una clase de yoga activo, donde se suelen mantener una postura durante apenas unas pocas respiraciones.

El concepto de singularidad anatómica parte de la premisa de que el cuerpo de cada ser humano es diferente y que, por tanto, la forma en que abordamos las posturas de yoga también debería serlo. Este es un elemento fundamental de la práctica de yin yoga y condiciona directamente el enfoque que adoptan los instructores al dirigir una clase de este tipo.

Aunque siempre es primero la  seguridad de las articulaciones, el yin yoga se centra mucho más en las sensaciones que genera la postura que en si la «alineación» de la misma es «correcta». En el yin, tu diriges tu postura, todas las opciones son válidas, siempre y cuando logres acomodarte en una posición que te permita solar la tensión física y la rigidez corporal poniendo el trabajo en los tejidos  conectivos más profundos.

2. El yin es un «entrenamiento» para el tejido conectivo

Si alguna vez has sufrido un esguince o un desgarro articular, sabrás que someter a los tejidos conectivos (ligamentos, tendones y fascia) a un esfuerzo excesivo no es lo mejor.  Esto se debe a que estos tejidos no reaccionan de la misma manera que los grandes grupos musculares ante actividades que generan calor, como las clases de yoga activo o las formas tradicionales de ejercicio.

Contar con un método para lubricar y elongar estas zonas del cuerpo es clave para fomentar la longevidad y mantener las articulaciones sanas y protegidas. Precisamente eso es lo que logra la práctica del yin yoga. El Yin busca específicamente trabajar el tejido conectivo del cuerpo mediante posturas de efecto refrescante que se mantienen de forma prolongada y lenta, permitiendo que dicho tejido se expanda con el paso del tiempo.

Las lesiones se producen cuando los ligamentos, tendones y fascias se estiran con demasiada rapidez; por eso,  el Yin utiliza la gravedad y el propio peso corporal para expandir gradualmente el tejido conectivo. Este enfoque no solo evita lesiones en el momento en que se trabajan estas zonas, sino que también tiene el potencial de estimular la producción de colágeno y elastina en las articulaciones, previniendo así futuras lesiones.

Lo cual nos lleva al siguiente beneficio…

3. El Yin Yoga es el complemento perfecto para el ejercicio tradicional

Una de las ideas erróneas más comunes sobre el Yin Yoga es que, si empiezas a practicarlo, debes dedicarte exclusivamente a él y abandonar otros estilos, como el Ashtanga, Hatha o el Vinyasa.

Nada más lejos de la realidad.

El Yin Yoga tiene profundas raíces en la filosofía taoísta, la cual pone énfasis en la necesidad de encontrar el equilibrio entre el yin y el yang.

La armonía solo existe cuando el yin y el yang están equilibrados.

Es la interacción entre el yin y el yang lo que crea…

El Yin Yoga ayuda a salir del sistema nervioso simpático y a activar el sistema nervioso parasimpático, que es nuestra respuesta de «descanso y digestión». Permanecer en este estado parasimpático permite que se produzcan la restauración y la sanación, reduciendo así el estrés y la ansiedad.

Cuando el cuerpo dispone de más tiempo para funcionar en este estado, puede reducirse el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, disminuir la presión arterial, restaurar el metabolismo y favorecer la regulación de los sistemas corporales. La estabilidad de la práctica de Yin Yoga, combinada con el enfoque en la respiración profunda, permite que el cuerpo y la mente se sitúen en el sistema nervioso parasimpático, generando una profunda sensación de bienestar integral.

La magia del Yin Yoga

El Yin Yoga se centra en crear equilibrio en el cuerpo, la mente y las emociones. Es una práctica arraigada en antiguas filosofías orientales que se han practicado durante miles de años.

Pero es particularmente perfecta para procesos de desbalance hormonal, perimenopausia, menopausia, post-parto y para fortalecer el suelo pélvico.

En el siguiente artículo te contaré por qué deberías de integrarlo si tienes más de 35 años.

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